El Metro dejó de ser promesa

A estas alturas, el viaducto ya está ahí. Trece kilómetros de estructura elevada que cortan la ciudad como una cicatriz limpia, sin pedir permiso. Quien haya pasado por la Primero de Mayo en los últimos meses lo sabe: las columnas están, los tramos de vía también, y once trenes chinos duermen en el patio de