Aprendí a doblar mis ilusiones como doblo la ropa que ya no me pongo: con cuidado, con resignación,con cierta ternura y en el fondo de un cajón.Tal vez era mi forma de protegerme, de cuidarme, de evitar a toda costa los raspones y las magulladuras,los golpes y las despedidas, porque me convencí que una cosa






