Fractal

En una mano yo llevaba una paleta Drácula que sabía le gustaban. En la otra, una maleta. Walter, o don Carlos, me habían anunciado, aunque ya me conocían. Era un ritual casi litúrgico que repetíamos cada vez en forma más seguida. Ellos siguiendo el protocolo y yo intentando hacerme el conocido. Timbré. Kiki me abrió.