El edadismo

El edadismo

Poco sabía del edadismo hasta que quedé desempleada. En realidad, poco me preocupó porque a lo largo de mi vida profesional, tuve siempre una carrera ascendente, por suerte, por estudio y por mi trabajo serio y responsable.

Como comunicadora social bilingue, con un posgrado en mercadeo, tuve la oportunidad de dirigir áreas de comunicación de importantes empresas nacionales, con logros, creo yo, importantes. Igualmente y para mi satisfacción, desarrollé paralelamente una extensa carrera docente en universidades de prestigio.

Antes de que me echaran, no sabía qué era el edadismo

Sin embargo y como sé que la vida da muchas vueltas, un día me dijeron que la empresa en la que trabajaba ya no necesitaba mis servicios, que gracias por el esfuerzo y la dedicación, etc, etc,etc.

De alguna manera lo tomé en forma tranquila porque tenía unos ahorros, fui juiciosa con el dinero, creí tener una sólida red de amigos y confiaba en que mi hoja de vida era lo suficientemente significativa. Error. Los ahorros se agotaron rápidamente a pesar del juicio extremo en su manejo, la red de amigos se diluyó rápidamente y mi hoja de vida terminó por ser por mi mayor carga. Ahí supe lo que era el edadismo, que básicamente es la discriminación por edad.

Si después de 30 años de carrera, no cumplo con los requisitos de un puesto de trabajo que domino, estoy verdaderamente en la olla

Linkedin, es casi, casi el sitio donde resido, aplico semanalmente a 4 o 5 ofertas de empleo, voy a cuanta convocatoria me avisan, hablo con mis amigos- los verdaderos, no los que tenia en función del cargo que ocupaba- intento mantener el ánimo en alto, pero escuchar frases, como la que escuche está semana, luego de una entrevista de tres minutos en una entidad asociada con la Iglesia, es por lo menos desconsolador: “Gracias por su interés, pero su hoja de vida no cumple con los requisitos”. Si después de casi 30 años de carrera, con experiencia en el mundo corporativo y digital, sin ningún pero por el sueldo que ofrecían, no cumplo con los requisitos, estoy realmente en la olla, en materia laboral.

Y es que no se trata que por mi edad o mi experiencia, me den de una el puesto, pero ¿qué pueden saber de mí en tres minutos? ¿Qué pueden saber de lo que soy capaz de aportar? Si mi edad es un hecho evidente, entonces ¿para qué me llaman?

Obviamente nunca lo dicen de frente, no dejan huella, porque su hipocresía no les da para decir, que nos rechazan por la edad, como tampoco lo hacen cuando le dicen no a alguien por su raza, su condición sexual, su discapacidad o su tamaño.

Una entrevista de cinco minutos, es una pérdida de tiempo para todos.

Existe incluso una ley, llamada “Ley del último empleo”, que concede beneficios fiscales a las empresas que vinculen laboralmente a hombres mayores de 50 años y mujeres mayores de 40.Y ni siquiera.

¿Puede un país darse el lujo de desechar la experiencia y el conocimiento de este tipo de personas? Evidentemente no, como lo demuestran los índices de empleabilidad de sociedades con mejores economías que las nuestras.

Por lo pronto sigo en Linkedin, viviendo en casa de mis padres…

Carolina García

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