Nos quedan los orgasmos

Nos quedan los orgasmos

Por norma, miro con recelo a  las personas que estornudan para dentro, porque es un acto en minúscula, microscópico, casi en las puntas de los  pies.  La señoras  y los niños bien de sociedad, los que ven a las personas de arriba para abajo, hacen del estornudo un acto privado, discreto y prudente, negando de plano la razón de ser de un hecho humano normal, aún en tiempos donde no se hablaba de pandemias.

 

 

Y es que la palabra estornudo es como la palabra sexo, que vienen con su propia banda sonora, con su propia ruido incorporado. Por eso, es difícil entender a las personas que estornudan sigilosas pero tienen unos orgasmos  atronadores porque aunque no se parecen en nada, en el fondo, hablan de nosotros y de lo que sucede en nuestras entrañas. Yo prefiero, en ambos casos, darle su real dimensión, tanto en ruido como en ganas, además con un dato adicional: ninguno de los dos puede hacerse con los ojos abiertos y en el mejor de los casos es contagioso porque los que lo ven, quedan con ganas.

Por norma, miro con recelo a  las personas que estornudan para dentro.

Es obvio que no estoy hablando de estornudarle a las personas en la cara, pero tampoco en convertirlo en un acto vergonzante. El estornudo es un acto reflejo a través del cual se produce la expulsión de aire  de los pulmones a través de las fosas nasales y la boca. Pero no se expulsa sólo aire, también partículas de la nariz provocadas por agentes como el polvo, los olores, las alergias, los resfriados o las variaciones bruscas de temperatura. Es un mecanismo que se produce involuntariamente como respuesta a varios estímulos. Por eso, reprimir el estornudo produce los efectos contrarios a los que supuestamente debería cumplir: las partículas irritantes no se arrastran hacia afuera, sino hacia adentro. La fuerza del aire actúa en contra de los tejidos de la nariz y puede provocar lesiones en los vasos y venas nasales.

El animal que más estornuda en el mundo, es la iguana

El proceso del estornudo dura cerca de  150 milisegundos. El chorro de aire y partículas extrañas atrapadas en ellas emerge de la boca a una velocidad que llega a alcanzar los 160 km/h. Cada estornudo expele entre 40.000 y 80.000 de estas gotitas. Puede alcanzar una distancia de hasta 8 metros y se esparce por un área de entre 1,5-2 metros a la redonda. Se calcula, además que una persona con una salud normal, estornuda alrededor de 400 veces al año. Puede ser producido por sobre exposición a la luz y se denomina estornudo fótico. En muchos países se acostumbra decir “ salud” a la persona que estornuda. Esta es una tradición que proviene de la creencia que este era una señal de presagio de muerte.

 

Es obvio que en estos tiempos de pandemias, los estornudos están mal vistos, como la lepra en otras épocas, qué le vamos a hacer. Por lo menos, aún nos quedan los orgasmos.

 

 

 

 

 

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