Se siente bien viajar sin tanta mierda en la cabeza, libre de culpa- mas nunca de pecados-, absuelto de daños y perjuicios, liberado de manías y prejuicios, sin piedras en la mano, sin temor a equivocarme, sin culillo de mostrarme tal cual soy, sin miedo a mostrar viejas heridas que no son más que la prueba irrefutable de haber estado vivo. Hoy me declaro, abollado, machacado, maltratado, pero en pie.
Me parece bien que haya gente a la que nunca le ha pasado nada malo pero como algo va de la gelatina de pata a los mándelos,debo decir que me aburren terriblemente los perfectos, los asépticos, los impolutos, los intachables, los correctos, los desinfectados, los esterilizados, los armoniosos, los impecables.Les devuelvo sus altares y la paz de sus sepulcros. No sé si es mi envidia o que no les creo nada. Me aburren los que dicen los te quiero sin sentirlo, los diplomáticos, los vende humo, los que salen corriendo, los que no se comprometen, los que no se untan, los que siempre están juzgando,los incoloros a los que nunca pasa nada.
Me aburren los que no sudan porque eso esta mal visto, los que nunca se equivocan. Me fastidian los que se rompen y barren los pedazos debajo de la alfombra persa del recato y la decencia, los que no entienden que en la grieta entra la luz, y que en el error se instala la verdad como un inquilino incómodo que no paga arriendo, pero enseña. Los otros —los perfectos de vitrina, los plastificados,los armoniosos los que huelen a hospital privado— me parecen catálogo de almacén en liquidación: mucha pose, cero incendios. Prefiero el incendio. Prefiero la risa desdentada, los estornudos bulliciosos, la rabia honesta, el abrazo torcido, los orgasmos y los gritos de pasión desenfrenada.
Por eso, tal vez es que mi mundo está lleno de rotos y jodidos, de gente reparada, recompuesta y arreglada que me alegran la existencia porque ya no tienen miedo, porque han conocido el azufre que se cuela en los infiernos, que no le deben nada a nadie y a ninguno porque lo han pagado todo, que han probado el olor salobre de una lágrima que sana, que han extraviado la vergüenza porque alguna vez se han perdido en una noche oscura y sin retorno.
Y es que con ellos no necesito un mundo perfecto. Tal vez un simple barquito de papel, un reguerito de truenos o tan solo un pequeño refugio donde podamos sonreír de vez en cuando, seres que se conformen con una ventana iluminada si no alcanzo a bajarle las estrellas, personas que se disfruten el poder de un pandeyuca y que no teman caminar o montarse en Transmilenio. Gente simple, gente real,un poco loca, un poco distrida, orgullosa del lado sexy de la arruga, dispuestos a morir- otra vez- en el intento. Gente con nudos y entresijos, pero libres de ataduras, gente que quiera caminar conmigo de la mano sin juzgar lo que soy ni lo que he sido, gente dispuesta a caer y levantarse.
Tal vez el amor no sea más que fragmentos de luz buscando otros fragmentos, espejos rotos que al juntarse reflejan algo más hermoso que la perfección de este caos silencioso que llamamos existencia, una alquimia taciturna que transforma el plomo en oro tibio. Una danza entre herida y sanación, porque a veces hay que sanar o solo saber estar herido sin escupirle sangre a los demás.




