Un hombre de palabra

Un hombre de palabra

Nos separó medio siglo. Cuando yo nací, mi papá ya había vivido dos guerras mundiales, una gripe española, un bogotazo y seis hijos más. Por eso, tal vez nos conocimos poco, porque eran muchas más las cosas que nos separaban que las que nos unían, en el sentido estricto de la palabra.

 

O mi retentiva es muy mala o soy muy desagradecido, pero no tengo en mi memoria, que me hubiera ayudado a hacer tareas ( tal vez porque yo poco hacía tareas) o que me hubiera llevado a jugar al parque o que me leyera un cuento. Y no es que fuera mal papá, sino que lo cogí cansado y tampoco es que yo fuera un ejemplo de hijo. Y como todo hay que decirlo, mis taras y mis traumas de hoy en día, me las fabriqué yo solo con el paso de los años.

 

Aún no sé cómo, pero su sueldo de empleado lo hacía rendir cada mes, para que a los siete hermanos no nos faltará nunca la comida ni el estudio. Tal vez, por eso vivía angustiado, porque nuestra economía era al centavo y gasto extra que saliera, lo descuadraba por completo. Aún me parece estarlo viendo sentado en una silla con un pequeño papel haciendo sus sumas y sus restas y sus piedras infinitas cuando le llegaban las cuentas por pagar de la tienda de la esquina.

Eran muchas más las cosas que nos separaban que las que nos unían, en el sentido estricto de la palabra.

Su fenotipo debió ser débil, porque ninguno de mis hermanos, y yo menos, nos parecemos físicamente a él. En cambio, su genotipo, y hablo exclusivamente por mí porque cada quien contará su propia versión, si me marcó, mucho más de lo que acepto.

 

Callado, taciturno, melancólico, introspectivo, cariñoso a cuenta gotas, pero sobre todo, un hombre de palabra y para quien incumplir, así fuera en un minuto, se convertía en una tragedia. Nunca hablaba mal de nadie, algo que ninguno de los siete heredó, como tampoco repartir su almuerzo a pequeños bocaditos con el que le pasara al frente.

Su fenotipo debió ser débil en contraposición con su genotipo

Tal vez, nos parecíamos tanto, que nunca sentimos la necesidad de acercarnos más allá del buenos días.Bastaba con mirarnos al espejo.

Es mi historia. Los que tengan otra, que la cuenten.

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