Generic selectors
Coincidencias exactas únicamente
Buscar un título
Buscar contenido
Post Type Selectors

Atardescentes

La sociedad del espectáculo

Picture of Jaime Burgos

Jaime Burgos

FECHA:

CATEGORÍA:

CULTURA

Guy Debord era un pensador francés con vocación de agitador que en 1967 publicó un libro delgado y furioso llamado La sociedad del espectáculo. La tesis central era esta: el capitalismo no se conformó con apropiarse del trabajo de la gente. Con el tiempo, se apropió también de su experiencia. Primero la humanidad dejó de ser para tener —eso ya lo había visto Marx—, pero luego vino un paso más perturbador: dejó de tener para parecer. No importa lo que uno es ni lo que tiene. Importa la imagen que circula. La apariencia reemplaza a la vida, y en ese momento ya no vivimos: nos exhibimos. El espectáculo, decía Debord, no son las pantallas ni los medios de comunicación. Es la relación social entera que se ha convertido en imagen. Murió en 1994, justo cuando internet empezaba a balbucear, sin alcanzar a ver en qué iba a convertirse su pesadilla. Pero la dejó escrita con una precisión que da escalofríos.

Lo que Debord no anticipó del todo es que el espectáculo perfecto no necesitaría un centro emisor que controlara las mentes desde arriba. Que el sistema iba a lograr algo más sofisticado y más perverso: que la gente produjera voluntariamente, con entusiasmo y gratuitamente, las imágenes que sostienen su propia alienación. Eso fue lo que construyeron las plataformas digitales. Y Colombia, en 2026, es uno de los laboratorios más elocuentes del planeta para ver cómo funciona.

El stream como síntoma

El 26 de marzo de este año, el presidente Gustavo Petro recibió en la Casa de Nariño a Luis Fernando Villa, un paisa de 25 años con tatuajes que le suben por el cuello, diamantes en los aretes y un reloj de lujo, a quien sus millones de seguidores conocen como Westcol. No fue una entrevista periodística. Fue, según el propio streamer, “una conversación en un lenguaje que muchos sí entienden”. Durante más de una hora recorrieron los salones del palacio, el presidente le mostró el rincón ambientado como García Márquez donde recibe líderes mundiales, hablaron de narcotráfico, de pobreza, de juventud. En ningún momento nadie incomodó a nadie. La plataforma Kick colapsó. Un millón y medio de personas intentaban conectarse al mismo tiempo.

Seis semanas después, el 10 de mayo, Westcol repitió la fórmula con Álvaro Uribe en la finca El Ubérrimo: tres horas, aguardiente, chicharrón, los ponis del expresidente de fondo. Esta vez la audiencia fue de 150 mil espectadores —diez veces menos que con Petro—, lo cual desató su propio debate sobre quién tiene más poder de convocatoria digital en la antesala de las elecciones del 31 de mayo. El país lleva semanas hablando de las cifras, de quién ganó el stream, en lugar de hablar de los candidatos que van a gobernar. El día previo a la primera elección el que lo hizo con el mismo personaje fur Abelardo De La Espriella.

Debord habría reconocido el mecanismo de inmediato. La política no fue reemplazada por el entretenimiento: se convirtió en entretenimiento, que es algo muy distinto y mucho más difícil de combatir. Porque cuando algo se convierte en entretenimiento, la audiencia no lo evalúa con las herramientas del juicio político sino con las del placer: ¿me gustó?, ¿lo compartí?, ¿cómo me hizo sentir? Y bajo esas reglas, el formato gana siempre sobre el contenido.

Hay un detalle que casi nadie notó entre el ruido de las métricas: en el stream con Uribe, Westcol confesó en vivo que en su primera experiencia electoral le pagaron para votar. Lo dijo sin dramatismo. Nadie profundizó. Y siguieron.

La confesión más reveladora sobre cómo funciona realmente la política colombiana en los barrios apareció como un momento de color en una conversación de entretenimiento, y desapareció igual de rápido. Eso es lo que hace el formato: no censura, no prohíbe. Simplemente aplana. Todo cabe en la misma pantalla con el mismo peso: los atentados que sufrió Uribe, la pregunta de si prefiere a Falcao o a James, la investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos por los presuntos vínculos de Petro con el narcotráfico, y los ponis en El Ubérrimo. Todo fluye, todo entretiene, nada sedimenta.

El algoritmo que aprendió a querernos

Lo que cambió desde que Debord escribió su libro es que el espectáculo ya no emite desde un centro hacia una audiencia pasiva. Eso era el modelo de la televisión analógica: tres canales, un flujo unidireccional, la familia reunida frente a la pantalla. El modelo actual es radicalmente distinto y radicalmente más eficiente: cada usuario produce los datos que sirven para modularlo, cree que eligió libremente lo que consume, y agradece la experiencia. El vigilante más efectivo de la historia no usa uniforme. Vive en el bolsillo de cada ciudadano y lo llama por su nombre.

El 50% de los colombianos consume noticias por Facebook. Los audios de WhatsApp con información sin verificar recorren el país antes del café. En TikTok, una propuesta de reforma pensional tiene que caber en quince segundos o no existe. En ese ecosistema, la política que sobrevive no es la que tiene mejores propuestas sino la que produce mejor contenido: la imagen que circula, el clip que se comparte, el momento que genera tendencia. Y los actores políticos, que no son tontos, aprendieron las reglas del juego.

Pablo Escobar en Netflix y otros muertos que no descansan

El fenómeno no vive solo en la política electoral. En Colombia hay una capa más profunda, más arraigada en la subjetividad cotidiana, que los analistas culturales comenzaron a llamar narcoestética. Es la forma en que la industria del entretenimiento tomó las heridas más abiertas de la historia reciente del país y las convirtió en producto de consumo global. Pablo Escobar ya no es el hombre que ordenó masacres y puso bombas en centros comerciales. Es el antihéroe fascinante de varias series, el protagonista de un turismo que lleva extranjeros a fotografiarse en los lugares donde mató gente.

Debord diría que ahí está operando exactamente lo que describió: la tragedia real se convierte en imagen de consumo, y la imagen desplaza a la realidad hasta volverse la única realidad que la gente puede procesar. Una vez instalada, la narcoestética hace algo muy concreto: insensibiliza. El dolor histórico deja de doler porque ya lo vimos dramatizado, con música de fondo y actores atractivos, en una plataforma de streaming. La pobreza se muestra para conmover, no para movilizar. La injusticia se exhibe para indignar, no para transformar. El formato garantiza que la reacción se quede en la pantalla.El espectáculo no miente exactamente. Hace algo más eficiente: muestra lo suficiente de la realidad para que parezca que no está ocultando nada.

La salida que nadie quiere escuchar

Westcol lo dijo sin querer en el stream con Petro, cuando explicó por qué hizo la entrevista: “Mucha gente que jamás vería una entrevista tradicional sí vio y se conectó con nosotros”. Tenía razón en el diagnóstico. La pregunta que el formato no permite hacerse es si ver un stream de entretenimiento político durante una hora equivale a entender lo que pasa en el país. O si simplemente es otra forma de sentir que se está cerca de algo sin estar realmente dentro de nada.

Debord propuso una salida que suena anticuada y que sin embargo no ha sido todavía recuperada por el mercado, precisamente porque no produce métricas: la reconstrucción de vínculos reales entre personas reales, la deliberación cara a cara, la organización en el territorio sin delegar en representantes espectaculares. Hablar despacio. Tolerar la ambigüedad sin necesidad de resolverla en un tuit. Que la atención —el recurso más escaso de la era digital— vaya a lugares que no generan engagement.

Eso, en 2026, suena casi ridículo de proponer. Pero el primer paso es más sencillo, aunque no menos difícil: reconocer que la indignación que se siente frente a la pantalla no es participación política. Que la imagen que uno proyecta no es quien uno es. Que el mundo que vemos a través del algoritmo no es el mundo: es la versión del mundo que el sistema calculó que nos mantendría más tiempo mirando.

 

 

NUNCA TE PIERDAS UN NÚMERO

Atardescentes Premium

Pronto tendrás la posibilidad de suscribirte a contenido Premium

MENÚ

Noticias

TV

Podcast

Nuestro Equipo

Contacto

CATEGORÍAS

Actualidad

Tecnología

Economía

Cultura

Buen Vivir

Deportes

ENLACES RÁPIDOS

Registro

Ingresar

Recuperar Contraseña

Mi Cuenta

Términos y Condiciones

Política de Privacidad

Descubre el pulso del mundo con Atardescentes, tu destino principal para la cobertura de noticias de última hora. Profundiza en una amplia gama de temas, que van desde acontecimientos locales hasta asuntos globales, política, tecnología, entretenimiento y más. En Atardescentes, ofrecemos artículos de noticias fiables, completos y perspicaces que te empoderan para mantenerte informado y comprometido con los problemas que dan forma a nuestro mundo.

Experimenta una perspectiva fresca sobre las noticias de última hora, análisis que invitan a la reflexión y reportajes en profundidad, todo curado con un compromiso con la precisión y la relevancia. Navega por el cambiante panorama de las noticias sin esfuerzo con Atardescentes, tu fuente de confianza para obtener información oportuna y significativa. Únete a nosotros en un viaje de descubrimiento mientras te traemos las noticias que más importan, ofreciendo una experiencia de lectura dinámica y enriquecedora.

                                                                                                                                                                   DERECHOS RESERVADOS © ATARDESCENTES