Con la edad uno aprende a dosificar. A discutir menos. A gastar mejor la energía. A no alterarse por cualquier cosa. A entender, por fin, que no todo merece el mismo nivel de drama. Eso aplica para casi todo. Menos para un hincha. En mi caso para uno de Millonarios. Porque ser hincha no madura.
Hay lunes que llegan como si nada, sin hacer ruido, y otros que traen esa sensación incómoda de estar empezando algo que no sabemos nombrar. Este es de los segundos. No por lo que pasó, sino por lo que ya no va a volver. A esta edad uno deja de creer en los comienzos espectaculares.[…..]






