Hay un momento en la vida —los expertos todavía discuten si ocurre a los 51, a los 58 o justo el día en que alguien cancela un plan sin dar explicaciones y uno siente un alivio sospechosamente parecido a la felicidad— en el que las personas descubren un talento nuevo, insospechado, que ningún colegio les
Si mi papá viviera hoy estaría perdido. No por falta de inteligencia. Al contrario. Era de esa generación capaz de arreglar una llave, cambiar una llanta, negociar una deuda, orientarse sin GPS y encontrar una dirección preguntándole a tres desconocidos y a un señor de una tienda. Pero póngalo hoy a pedir un café con[…..]







