Generic selectors
Coincidencias exactas únicamente
Buscar un título
Buscar contenido
Post Type Selectors

Atardescentes

Atardescentes vs viejos

Picture of Mauricio Liévano

Mauricio Liévano

FECHA:

CATEGORÍA:

ACTUALIDAD

Hay un viejo poema de Simone de Bouvier. Una parte dice algo así como:“Envejecí a la francesa: sin alarde, sin ruptura, apenas dejando que el tiempo se asentara.El cuerpo se aprovechó de mi distracción.No sé cuándo decidió envejecer, porque lo hizo de forma silenciosa, casi elegante.Un día yo era movimiento, urgencia, promesa. Al otro, continuidad. No hubo un aviso claro ni un momento exacto”.

Y está bien, bello sin duda. Y sin embargo me hizo pensar que en este tema, nuestra sociedad se quedó anclada en el pasado porque algo va de la atardescencia a la vejez. Nos separa un mundo.

Hay una foto que circula en todas las familias colombianas, esa donde el abuelo aparece con corbata angosta, pantalón hasta las tetillas, saco oscuro y una barriga que en 1975 no era motivo de vergüenza sino de orgullo silencioso. Cumplía 50 años y parecía que llevaba encima ochenta. No caminaba encorvado ni hablaba como anciano, pero algo en la mirada, en el corte de pelo, en la manera de sentarse en la mesa del domingo, anunciaba que ya había cruzado una frontera invisible. Ese hombre no se estaba reinventando. Se estaba instalando.

Cincuenta años después la foto cambió por completo. Los atardescentes de hoy tenemos sueños, ganas, deseos. Nos vestimos de otra forma, pensamos de otra forma y sobre todo, sabemos cositas. A nosotros ya nos pasó. Y eso, para bien o para mal, nos da una sabiduría que ningún libro puede enseñar.

En los setenta, llegar a los 50 significaba haber consumido ya el setenta por ciento de la expectativa de vida promedio. La juventud quedaba en el retrovisor sin discusión posible, y la madurez productiva también. Lo que venía después era la antesala del retiro, la consolidación final o, en el peor de los casos, la resignación disfrazada de sabiduría. Hoy la cuenta cambió de manera radical. Con la esperanza de vida estirándose y la medicina afinando el detalle, cumplir 50 o un poquito más se siente como un segundo aire, casi un punto medio en una vida adulta que se ha vuelto larguísima. Nosotros ya lo vivimos, y por eso sabemos que la frase no es solo optimismo barato: hay evidencia detrás, hay cuerpo detrás. No somos fósiles, no.

La estética también dio un giro que ninguna generación anterior hubiera imaginado. El hombre de 50 en los setenta se vestía con la rigidez de quien ya no tiene nada que demostrar: trajes de corte clásico, colores oscuros, corbata obligatoria, zapatos de cuero bien lustrados. Vestirse “joven” a esa edad era motivo de burla, casi un signo de crisis mal disimulada. Hoy el clóset se volvió mestizo: jean con blazer, tenis con camisa de lino, la barrera etaria disuelta por completo. Las canas ya no se asumen como destino sino como opción, la calvicie se interviene o se luce con la misma libertad, y la barriga de la prosperidad —esa que antes era símbolo de estatus— hoy se combate en el gimnasio del barrio o en las trotadas madrugadoras por la Séptima. Los atardescentes, vestimos bien, pero desvestimos mejor. A nosotros ya nos pasó ese tránsito: el que se resistía al gimnasio hace veinte años hoy tiene rutina fija y hasta presume la app que le mide los pasos.

El rol familiar quizás sea donde el cambio pega más duro. El patriarca de los setenta llegaba a los 50 siendo proveedor único, con los hijos ya grandes y muchas veces con nietos correteando la casa. Su autoridad era distante, casi ceremonial, sostenida por una división de roles que nadie se atrevía a cuestionar en la mesa. El atardescente de hoy que sopla las velas de su medio siglo puede tener un adolescente en la casa, o incluso un hijo pequeño, producto de una paternidad que se postergó por decisión propia o por las vueltas que da la vida. Los roles se repartieron, la crianza se volvió corresponsabilidad y no jerarquía, y las familias se armaron de maneras que el abuelo de la foto ni siquiera hubiera sabido nombrar: segundas nupcias, soltería elegida, familias ensambladas donde caben todos los pedazos.

En lo laboral pasó algo parecido. Antes, a los 50 la carrera ya estaba hecha, el techo alcanzado, la vista puesta en la jubilación como meta cercana e irrenunciable. Hoy esa edad se lee como el momento exacto de capitalizar toda la experiencia acumulada: se emprende, se cambia de rumbo, se aprende a manejar herramientas digitales que hace una década ni existían, se asumen roles de mentoría que antes solo tocaban a los mayores de verdad. La jubilación se volvió una posibilidad lejana, casi opcional, mientras el cuerpo y la cabeza sigan respondiendo.

Y en lo emocional, ahí está quizás la transformación más silenciosa y más profunda. El hombre de los setenta cargaba con el mandato de la contención: no llorar, no hablar de lo que dolía, no mostrar ninguna grieta. Los atardescentes de hoy hacemos exactamente lo contrario. Nos mostramos vulnerables, tiernos, lloramos, nos reímos de bobadas y podemos hablar de lo que nos duele y lo que sentimos

Nada de esto se lee en un manual. Se vive, se tropieza, se corrige sobre la marcha. Y quienes hoy cruzamos esa línea de los 50 lo hacemos con la ventaja silenciosa de saber que ya atravesamos el cambio de época sin manual de instrucciones. A nosotros ya nos pasó. Y por eso, cuando alguien más joven pregunta cómo se hace, la respuesta más honesta es la más simple: viviéndolo, como toca.

Y además, los atardescentes sabemos que la vejez es el futuro. Y aunque aún nos falte, estamos preparados.

NUNCA TE PIERDAS UN NÚMERO

Atardescentes Premium

Pronto tendrás la posibilidad de suscribirte a contenido Premium

MENÚ

Noticias

TV

Podcast

Nuestro Equipo

Contacto

CATEGORÍAS

Actualidad

Tecnología

Economía

Cultura

Buen Vivir

Deportes

ENLACES RÁPIDOS

Registro

Ingresar

Recuperar Contraseña

Mi Cuenta

Términos y Condiciones

Política de Privacidad

Descubre el pulso del mundo con Atardescentes, tu destino principal para la cobertura de noticias de última hora. Profundiza en una amplia gama de temas, que van desde acontecimientos locales hasta asuntos globales, política, tecnología, entretenimiento y más. En Atardescentes, ofrecemos artículos de noticias fiables, completos y perspicaces que te empoderan para mantenerte informado y comprometido con los problemas que dan forma a nuestro mundo.

Experimenta una perspectiva fresca sobre las noticias de última hora, análisis que invitan a la reflexión y reportajes en profundidad, todo curado con un compromiso con la precisión y la relevancia. Navega por el cambiante panorama de las noticias sin esfuerzo con Atardescentes, tu fuente de confianza para obtener información oportuna y significativa. Únete a nosotros en un viaje de descubrimiento mientras te traemos las noticias que más importan, ofreciendo una experiencia de lectura dinámica y enriquecedora.

                                                                                                                                                                   DERECHOS RESERVADOS © ATARDESCENTES