Sin importar la pregunta, la respuesta siempre es una sola: el amor, porque el amor es anarquía, es desconcierto, es confusión y a veces, caos. Mueve todo lo que toca, lo revuelca y lo revuelve. El amor es un nudo ciego, una trenza, un entresijo. Es tal vez la razón por la que Prometeo se robó el fuego.
En mi vida suelo ser discontinuo, perezoso, caótico, despistado, impulsivo, contradictorio, errático, negligente, indeciso, voluble, torpe, desordenado, inseguro, exagerado, distraído, inconstante, vulnerable, ansioso, temeroso, voraz, obstinado, irónico, sarcástico, frágil, testarudo, impredecible, inquieto y, a veces, irremediablemente humano. Sin embargo, y por fortuna, cuando el amor me roza, me raspa o me restriega, entonces algo pasa en mi, para convertirme en un ser continuo, diligente, ordenado, atento, veraz, reflexivo, coherente, constante, responsable, decidido, firme, hábil, metódico, proactivo, seguro, mesurado, concentrado, perseverante, fuerte, sereno, valiente, flexible, sincero, respetuoso, sólido, razonable, predecible, tranquilo y, a veces, profundamente consciente de lo que soy.
Y entonces por eso vuelvo siempre al amor artesanal, ese amasadito con palabras, friccionado con caricias, frotado con besos en la boca porque es de donde surgen las señales para entender que el mundo se parte en mil pedazos. Un amor artesanal te puede romper el corazón, pero siempre te repara, te da vida porque siempre tiene pendiente una lluvia, un orgasmo, una sonrisa, una discusión, un dolor de cabeza, una risa, un caminar tomados de las manos. El amor artesanal a veces huele a Chanel namber faiv, a veces hiede, porque cuando se entrega el corazón se debe estar dispuesto a que lo rompan. El amor artesanal deja sedimento que con el paso del tiempo se vuelve en cimiento poderoso.
Es mi necesidad de no terminar en mi misma mismidad, de ser dos, de saber a ciencia cierta que hay besos de los que no volveré- ni quiero- que hay piernas que nunca olvido, que hay caricias que se fundieron en mis huesos y que hay lunas a las que poco le importan los eclipses. Un amor artesanal se cocina a fuego a lento -que no es lo mismo que un arrocito en bajo- es una lluvia a punto de caer, es llegar a casa y saber que es el hogar, es un refugio y una playa a la que se puede llegar después de los naufragios. Es saber que estás ahí. Es el todo. Y la nada.
Por eso, no importan mis dudas ni mis miedos o mis pasos de atorrante, siempre, siempre, el amor es la respuesta.













