Desde siempre he inventado mundos para mí, como si la realidad no me fuera suficiente. Me invento el frío para soñar con un abrazo. Me invento los miedos y les doy nombre y manillitas de colores, les pongo abrigo, los siento en mi mesa a tomarse un cafecito hirviendo y recién hecho. Me invento el dolor y lo cultivo con paciencia, como quien riega una plantica que no tengo y que si tuviera sería lo más cercano a un ramito de violetas.
Me invento las lágrimas, me invento las camas grandes, los pies fríos, las tardes de domingo, los viernes sin sentido, el silencio y también la algarabía. Me invento las caricias de la mujer que ya se ha ido, pero también de la que venga sin miedo, sin duda y sin sospecha a bucear en mis naufragios.Mar.
Me invento ese olorcito a pan caliente, a pandebono saliendo del fogón, un juguito de corozo o de patilla, el olor a pomarrosa, una Jumbo Jet o una cocada de Copelia y me invento también una receta que alimente el paladar de mis amigos. Me invento las manos de mis hijas que caminan a mi lado con su risa y con sus gatos y por supuesto, también me invento a Dios, que se burla de mis planes, pero que nunca me abandona.
Me invento la risa, una palabra sanadora y un abrazo dado a tiempo. Me invento leerte un libro recostado en tu regazo o ver capítulos repetidos de Breaking Bad para que me anticipes las escenas. Me invento los sueños que no tuve y me invento un gol de media cancha que nos corone campeones de un torneo de banquitas. Me invento aprender tocar un piano y saber cómo se baila.
Me invento una ventana por la que entre el sol de madrugada o la luna se cuele sin pudor. Me invento un sitio donde perdonen los errores cometidos y me juzguen con bondad y compasión. Me invento un lugar donde crezcan silvestres los orgasmos entre dos personas que se aman o donde florezca la ternura de dos viejos que se arrullen en su desusada mecedora.
Me invento un país sin estridencias donde nadie joda a nadie, donde quepamos de todos los colores y la palabra valga algo, donde los fantoches se ahoguen en su baba o se escuezan en su mierda.
Inventar es mi manera de discutir con el absurdo, de fabricar algún sentido para poder seguir sonriendo, una razón para levantarme cada día a hacerme un batido de piña y espinaca. Inventar es mi forma de seguir sobreviviendo al dolor de lo que fue o de las cosas que me faltan.
Todo eso me lo invento,pero también lo desinvento cada día para poder seguir viviendo…












