El descubrimiento y la conquista

Una cata de vino y quesos es algo nuevo para mí. Casi exótico, insólito y chocante. Sin embargo, aquí estoy.

Yo tan quesillo envuelto en hoja de plátano y ellos tan de quesos extranjeros de colores y sabores que nunca conocí. En una mesa veo uno que me llama la atención. Queso Gruyer, que según me dice Wikipedia, es un queso suizo que recibe su nombre de Gruyère, un distrito del cantón de Friburgo donde se fabrica. Y me llama la atención porque pienso que de alguna manera se parece a lo que soy. No por lo suizo – obviamente -ni por su sabor suave y profundo – aunque nadie se ha quejado- sino por sus múltiples huequitos – como yo-.

Mostrarme vulnerable me hace fuerte, en un mundo que vive de apariencias y al que hace poco renuncié, espero para siempre. Al estilo del kintsugi japonés, intento embellecerme las heridas y por eso no oculto mis dolores y tormentos. Por eso me aburren las conquistas. Me maman. Conquistar algo o a alguien en estos tiempos que nos corren, nos exige algo de mentiras, de verdades insufladas, de retoques y mejoras, de florecitas y de almíbar, de poses y apariencias.  Palomitas de maíz, que llenan, pero no alimentan y que, para completar, nos dejan cascaritas en los dientes. Un tipo básico, de tenis y blujeans, está muerto en estos días, porque a la gente le espanta la verdad y a esta altura de mi vida no tengo plata ni paciencia – ni ganas – para aparentar lo que no he sido ni seré.

 

Conquistar algo o a alguien en estos tiempos que nos corren, nos exige algo de mentiras

 

Y no es que quiera un mundo a mi medida, pero sí tal vez, a imagen y semejanza de mis sueños, como decía Gonzalo Arango. Por eso, prefiero los descubrimientos,los redescubrimientos, los hallazgos, los encuentros y las averiguaciones compartidas, un poco como cuando a Aureliano Buendía lo llevaron a conocer el hielo, porque en la otredad termino siendo y lo que es para ti, te encuentra. Poder escuchar el grito ¡tierra! , pero también oír  el alarido ¡ barcos!. Casualidad o coincidencia. Dejarme encontrar, pero también buscar, porque el descubrimiento exige ciertas dosis de vértigo y de riesgo.  Asombrarme cada día con los rotos y los miedos de los otros, poder mostrarme con remiendos y suturas, compartir sueños y tesoros, ser playa y ser refugio, porque finalmente ¿para qué es el amor propio sino es para entregárselo a los demás? Como cantaba Sui Generis, quizás porque no soy de la nobleza, puedo nombrarte mi reina y princesa y darte coronas de papel de cigarrillos. Quizás porque soy un mal negociante, no pido nada a cambio de darte lo poco que tengo, mi vida y mis sueños.

Descubrirse, incluso para saber que ahí no es, porque irse también es una respuesta y a esta altura de la vida estamos jugados ya que, al fin y al cabo, un día de más es un día de menos. Descubrirnos para saber que el otro ya está, ya es, ya ha sido, ya querrá ser.  Y viceversa. No para colonizarlo, no para conquistarlo, no para hacerlo, no para salvarlo, sino para terminar de ser estando juntos.

Me doy un paseo por el salón. Un trío de jazz ilumina la vida. Un experto habla y dice que los huequitos en el queso cumplen la función de hacerlo respirar. Y pienso, que sí, que los huecos  ayudan a respirar – me ayudan a respirar, como una forma de vivir-.

Mauricio Lievano

“Me gustan los juegos de palabras. En realidad más los juegos que las palabras”. Fundador de Atardescentes

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