Desde siempre he inventado mundos para mí, como si la realidad no me fuera suficiente. Me invento el frío para soñar con un abrazo. Me invento los miedos y les doy nombre y manillitas de colores, les pongo abrigo, los siento en mi mesa a tomarse un cafecito hirviendo y recién hecho. Me invento el
Lo importante no es tener todas las respuestas, sino hacerse todas las preguntas. He vivido rodeado de contestaciones que no he pedido y de certezas que no me pertenecen y la única forma, el único camino que encuentro para seguir, es preguntarme. Me hago preguntas sencillas, casi de niño, como si la nada es algo[…..]
Hubo días malos, claro. Días mediocres, también, pero incluso en los años que ahora llamo “confusos” estaban ocurriendo cosas silenciosamente decisivas: amistades que me sostuvieron sin discurso,amores que me hicieron muy feliz, libros que me movieron un centímetro el alma, conversaciones que en su momento parecieron nada y hoy son cimientos. El pasado no fue[…..]
Hubo una época en Bogotá en la que marcar 17 —y después 117— era tan natural como mirar el cielo para saber si iba a llover. No existía el smartphone que se sincroniza solo ni el Google que te recuerda hasta cuándo debiste haber salido de la casa. La hora exacta no la daban los[…..]
Apenas suena la fanfarria y la voz estentórea del locutor anunciando “El muuuuundo al instante”, todo parece revolverse en el corazón de los atardescentes. Un manojo de recuerdos flotan por la mente porque es traer a la memoria el olor a las crispetas, los dulcesitos Salvavidas y las chocolatinas Baby Johnny’s en la función de[…..]
Para ser un tipo que no baila, doy muchas vueltas, porque siempre voy, pero siempre me quiero devolver. Sempiterna tensión, la tirantez, la eterna lucha entre el irme y el quedarme, entre el irme y el volver. Tengo espíritu de mar, pero siempre he sido río. Nómada, errabundo, inestable, andarín y un poco vagabundo. Vaga[…..]










