Hay algo profundamente humano en querer compañía. No necesariamente una gran historia de amor, no necesariamente sexo, no necesariamente boda. Solo alguien con quien tomarse un tinto sin que el silencio pese. Alguien que recuerde que el cumpleaños de uno existe. Eso busca, cada vez más, una parte de Colombia que el marketing suele ignorar:
Los lunes ya no son lo que eran. Antes tenían algo de amenaza, de reloj que aprieta y de lista de pendientes que crece como maleza. Hoy, a esta edad, el lunes es otra cosa: una especie de acuerdo silencioso con la vida. Uno ya no se levanta a conquistar el mundo —esa fantasía se[…..]







