Quería que pasaran unas semanas antes de escribir esta nota con la esperanza de que el golpe de desilusión fuera diluyéndose poco a poco. Pero no.Como relaté en la crónica anterior, por fin podía ver un Mundial completo, ya sin las restricciones laborales y en la santa paz de mi hogar.Así que, álbum en mano y con televisor grande, empecé a disfrutar cada partido con la emoción traída intacta desde mis 16 años en el Mundial de Naranjito.
Estadios llenos, la ingenua alegría multicolor de los hinchas en la tribuna, una organización impecable, las cámaras mostrando cada rincón y detalle, los jugadores entrelazados como símbolo de hermandad y el momento de los himnos con las banderas desplegadas como si cada partido fuera el de la final. Todo un espectáculo como los norteamericanos bien saben hacerlo.
Hasta ahí, todo normal. Los equipos debutantes, o los llamados pequeños, con todo esfuerzo por salvar su honor; los tradicionales, a demostrar su favoritismo y los otros, a participar sin mayores aspavientos jugando a no perder.De hecho, no era tan difícil clasificar a dieciseisavos ya que de 48 pasaban 32, es decir las dos terceras partes.
Así que esta primera ronda de eliminación directa seguía igual que la fase de grupos. Escasas sorpresas y baja calidad. Hasta aquí llegaron selecciones reconocidas como Alemania, Japón o Países Bajos.Croacia fue eliminada por Portugal en un juego que recordaremos por la cara de Luka Modrić diciendo varias veces “Ya se sabía que iban a ayudarlos”.México dejó en el camino a Ecuador con actos reprochables en tribunas y demás sitios aledaños. Un caso de racismo extremo que traicionó la decencia obligada de los anfitriones.Y Argentina superó a la sorprendente Cabo Verde con jugadas que aún siguen en análisis microscópico y con el mejor gol de la Copa, marcado al insufrible Emiliano Martínez.
Ya en octavos de final, la cosa se puso peor. Bélgica salvó el honor deportivo goleando a Estados Unidos 4-1 después de que Trump le pidiera a Infantino perdonarle la fecha automática de suspensión al delantero Folarin Balogun por una tarjeta roja contra Bosnia. Un desafío a la decencia institucional de la FIFA nunca antes visto. El peligroso matrimonio entre el deporte y la política engendraba su primer hijo. Balogun jugó, pero el peso de la vergüenza no lo dejó hacer nada en la cancha.
Ahí ya empezaba a invadir el ambiente el tufillo de que no se trataba únicamente de fútbol, tácticas y goles…Otra vez Argentina. El partidazo que les hizo Egipto bordea lo perfecto. Los “faraones” se fueron arriba en una jugada de tejido magistral. El VAR intervino y devolvió las imágenes hasta la cancha egipcia marcando una falta dudosa. La cara de Mohamed Salah era la misma de Modrić: “ya se sabía que iban a ayudarlos”.
En octavos se quedaron entonces los tres anfitriones más Paraguay, Canadá, el peor Brasil de la historia, Portugal, Egipto y nuestra selección Colombia cuya triste participación merece un capítulo aparte.Los cuartos de final transcurrieron de manera “normal” dejando fuera a Marruecos, Bélgica, Suiza y Noruega, selección que fue la sensación por su barra vikinga y por Haaland, su jugador estrella.
Las semifinales eran de pronóstico reservado y ahí la decepción fue la favorita Francia, que sucumbió como una novata ante la joven España. El otro juego, para mí uno de los mejores, fue entre Argentina e Inglaterra en donde los británicos pudieron hacer algo más y prefirieron aguantar la ventaja de un gol, antes que ir a buscar el segundo y ahí los argentinos se fueron encima. “Se murieron de hambre con la nevera llena” con una táctica defensiva cobarde y perdedora.
Históricamente, el juego por el tercer puesto ha parecido un partido entre solteros y casados, con asado, música y cerveza. Esta vez, Francia e Inglaterra protagonizaron una batalla épica que terminó con diez goles, 6-4 a favor del equipo de Mbappé, quien jugó para superar su marca de ser el más grande goleador de todos los tiempos y claro que va a lograrlo. Igual le quedan dos o tres mundiales.
Y llegamos a la final…“A Argentina le van a regalar el Mundial otra vez, Infantino quiere que ganen” …Después del buen partido de Argentina contra los ingleses, el favoritismo se dividía entre la juventud y el juego de conjunto de España, contra la garra del combo de Messi que iba por el bicampeonato.
La falta de contundencia de los “gauchos”, que los llevó a tener 90 minutos sin hacer un solo disparo al arco, la rudeza desbordada desde la impotencia, la actitud perdedora generalizada, los rumores del camerino y mucha información sin confirmar enrarecieron todavía más el ambiente.
Redes sociales inundadas de videos conspirativos que no vale la pena replicar y el mundo enfrentado por asuntos diferentes al fútbol, cerraron con broche de oro este mundial para el olvido. Bien por España. Justo campeón.
Entonces, me despido de los mundiales, de la emoción previa, de la ilusión de las eliminatorias, del álbum de Panini y dejo atrás los recuerdos que no se manchan —como el balón, dijo Maradona— por el presente turbio y con el futuro enredado entre las agallas sin fondo de la FIFA y la reacción decente de la UEFA en cuyo lomo reposa hacer un torneo mundial donde el fútbol sea lo primero y no el rey dólar. Ya empezó el cambio con el boicot que anunció que ninguno de sus 55 miembros participara en cualquier torneo organizado por el clan de Infantino.
Entonces, volveré a la realidad de ver el fútbol colombiano que me gusta mucho, las ligas europeas y los torneos continentales de allá y de aquí. Y que —por favor— no sigan con el reforzado y antideportivo “Hydration Break”, que no es más que vender hasta el último palco de publicidad, esto disfrazado de “proteger a los jugadores de una baja de electrolitos”.
Bueno, los dejo y espero no se hayan aburrido con mi testimonio desencantado, contrario al que escribí lleno de ilusión hace más de un mes cuando hice mi debut en ATARDESCENTES.













