Saber que mi vida está en obra negra me ha permitido no morirme.Podría ser inseguridad o tal vez todo lo contrario porque mis certezas duran un día, como los panes baguette que venden en Tostao.
Creo en el pasado, lo valoro, lo agradezco y lo bendigo pero no tanto como para quedarme a vivir en él, tal vez porque ya no es, tal vez porque ya no soy. Yo no quiero vivir en una casa donde ya no habito,porque aquel que fui se quedó allá, haciendo lo que podía con las herramientas que tenía. Yo sigo adelante, aunque a veces me dé por devolverme a saludarlo.Mis rotos y remiendos me han servido para volver a hacer, para volver a ser,para volver a creer, para volver a intentar como si todo fuera nuevo, como los cuadernos ferrocarril que estrenaba en los febreros.
Caminar hacia adelante mirando para atrás es nunca haberse ido y por eso creo que las cosas y sobre todo las personas, son distintas,desiguales, contrarias y diversas al igual que yo. Mi “siempre he sido así” y “mi siempre lo he hecho así” fue durante mucho tiempo una condena a la que se le salía por los poros la egolatría y la soberbia. Hoy no me preocupa ser producto terminado.Ni quiero. Ni puedo. Por el contrario,agradezco cada día ser una obra en construcción, lleno de mallas verdes y de huecos, de señales de peligro y de charcos y fangales. Todavía tengo cables por fuera, habitaciones sin estrenar y una cantidad considerable de escombros en el alma. Y, curiosamente, eso es lo que me mantiene vivo: saber que todavía puedo construir algo donde ayer solo había una grieta o una zanja.
En realidad, yo no soy mi versión definitiva. No sé quién soy, qué quiero, qué debo hacer, qué debo decir, qué debo pensar. Mi única ilusión es saber a quién quiero y lo que debo hacer(le), lo que debo decir(le) y lo que debo pensar(le).Por lo menos hoy. Mañana ya veremos. Cada día me cierro y me termino, me finalizo y al otro día me vuelvo a inaugurar, tal vez distinto. Ojalá distinto, como para que cuando me mire al espejo aún me cause una sorpresa o un asombro.
Tal vez no quiero ser una versión impecable de nada. Ni límpida, ni correcta, ni intachable, ni pulcra o refinada. Estoy aquí para seguir siendo, para equivocarme un poco mejor, para querer con menos miedo y para aprender a vivir dentro de la casa que soy, aunque esté llena de huecos y goteras. Para seguridad, la policía (es un decir) y para garantías las neveras y por eso quiero seguir siendo el que intenta, el que prueba, el que vuelve y se enamora, el que vuelve y lo intenta, el que vuelve a ser feliz con la ilusión. En fin. Un tipo en obra negra porque cuando vuelva a estar seguro, sabré que ya me he muerto.
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