El miedo no prescribe

Ella tardó dos años en contarlo. No porque no supiera que lo que le había pasado tenía nombre —acoso, lo llaman ahora con una precisión que antes no existía—, sino porque sabía exactamente lo que pasaría después. Sabía que le preguntarían si estaba segura. Que le preguntarían qué hacía sola en esa reunión. Que alguien,

El amor y los silencios

Soy un hincha malísimo. No grito, no me pongo camisetas, no peleó. Ya no lloro ni puteo. Suelo huirle al barullo y a la bulla. No como un acto histérico- o tal vez sí- pero la verdad es que estoy convencido que, con mi ruido propio, me sobra y me basta. ¡Basta! Me gusta refugiarme[…..]