El placer que nadie nombra

Hay una conversación que Colombia nunca ha tenido del todo. No en los consultorios. No en las casas. Casi nunca en los pasillos de los centros vida donde los adultos mayores pasan las mañanas entre tinto y dominó. Es la conversación sobre el deseo que no desaparece cuando uno cumple cincuenta, sesenta, setenta años. Sobre

Sonó el timbre

La educación ha sido mi pasión, mi alegría y el motor de gran parte de mi vida, aunque no siempre fue así. Aún recuerdo mis lágrimas cuando, a muy temprana edad, mis padres me dejaron por primera vez en el jardín infantil, a unos cuantos pasos de mi casa. A pesar de los esfuerzos cariñosos[…..]