Mi método es intentar tocar el alma.A veces funciona.A veces no.A veces es el método.A veces es el alma. La mía. La de los otros.Hay almas que quiero tocar pero no todas puedo.O no es el momento.O son inalcanzables.O no se dejan. O no se quieren dejar.O son sólo un espejismos. Y hay almas que son como una papaya en el Carulla: si uno no las va a llevar, lo mejor es no tocarlas.
Hay almas de las que nadie vuelve. Hay almas que llegan a nuestra vida sin hacer ruido. No traen discursos memorables, regalos costosos ni promesas deslumbrantes. Son como una flor que nace en el asfalto. Apenas dejan una conversación, una mirada serena, una mano sobre el hombro o un silencio compartido. Sin embargo, con el paso de los años, descubrimos que de todas las almas que conocimos, fueron ellas las que permanecieron habitando un rincón de nuestra memoria. Quizá porque hay encuentros que pasan por la cabeza y otros que atinan un camino secreto hasta el corazón. Una vez llegan allí, ya no se van del todo.Ya no se van nunca. Me ha pasado. Mi alma está hecha para ser tocada.Y yo me he dejado tocar.
Como dice Barthes, unas han durado pero no han ardido. Otras han ardido y no han durado. Y otras, han durado y han ardido. Tienen nombre. Y apellido.Y piernas. Uff, tus piernas.Tienen su propia maleta y sus propios dolores. Sus sueños. Su alegría, pero sobre todo, han tenido la voluntad de hacer presencia, de estar, de acariciar mi alma cuando estuvo rota.O feliz. De aparecer cuando más necesitaba, incluso sin tener todas las respuestas. Han comprendido que, muchas veces, el mayor acto de amor no consistía en resolverme los problemas sino en ofrecer un poco de calma, una conversación sin prisa, un silencio compartido o una mano tendida.Un refugio.Una pausa.Una palabra.Un pandeyuca. Una pastillita de Jumbo Jet.Un sobrecito de chicles Trident.Un beso.
El alma es tal vez un gesto inesperado, una llamada sin motivo, un abrazo silencioso o una carta escrita a mano, un afecto que llega donde ningún argumento puede entrar. Las almas se tocan cuando hay distancia, cuando reconocen la otredad de los demás. Cuando se fusionan o se acercan demasiado, se pierden, se secan, se escurren, se desangran, se languidecen,se pasman,se exasperan, se marchitan y al final, se mueren.
Mi método es intentar tocar el alma.A veces funciona.A veces no.A veces es el método.A veces es el alma…












