Hay un momento de la vida en el que el miedo deja de parecerse al miedo. Ya no llega haciendo ruido ni anunciando catástrofes. Se instala con modales impecables y empieza a llamarse prudencia, experiencia o sentido común. Nos convence de que ya hemos aprendido suficiente, de que ciertas puertas es mejor no volver a
Alicia nunca aceptó que la realidad fuera suficiente. Cuando algo era demasiado triste, ella le inventaba otro final. Cuando alguien desaparecía, decía que se había mudado a un país donde llovían pájaros y volaban peces. Si el panadero estornudaba, ella juraba que había expulsado una bandada de mariposas. Si un perro ladraba, aseguraba que discutía[…..]
En Colombia cambiar de gobierno no es exactamente un proceso político. Es más bien una disciplina emocional. Una mezcla entre esperanza irresponsable, pánico preventivo, cadenas de WhatsApp, análisis de taxi y gente que de un día para otro descubre que siempre supo exactamente lo que iba a pasar. Aquí nadie cambia de gobierno con calma.[…..]
Hay una escena que se repite en las salas de espera de las entrevistas laborales en Bogotá, y casi nadie la cuenta porque da pena reconocerla. Un hombre o una mujer de 54 años, hoja de vida impecable, veinte años de experiencia acumulada como quien acumula callo en las manos, sentado frente a un reclutador[…..]









