Hay un momento —no sé exactamente cuándo ocurre— en que uno se da cuenta de que está cansado… pero no de la vida, sino de cargarla mal.No es el cuerpo. Es otra cosa.
Es esa colección silenciosa de asuntos abiertos: conversaciones que nunca se cerraron, culpas que uno sigue repasando como si fueran de ayer, relaciones que ya no están pero siguen ocupando espacio, expectativas que se quedaron viviendo como inquilinos sin pagar arriendo.A los 60, el problema no es lo que falta. Es lo que sobra y sigue pesando.
Uno se acostumbra a sostener. Sostener la imagen, sostener la historia, sostener lo que fuimos para no incomodar a nadie. Y en ese ejercicio —que a veces parece noble— se nos va una cantidad absurda de energía.Pero hay algo que empieza a cambiar.
Ya no hay tanta paciencia para lo innecesario. Ya no hay esa urgencia por explicarse, por justificarse, por estar bien con todo el mundo. No es amargura. Es otra forma de lucidez.Dejar de sostener no es abandonar. Es elegir.
Es darse cuenta de que no todas las batallas merecían ser peleadas, que no todas las versiones de uno mismo merecen ser defendidas hasta el final. Hay historias que ya cumplieron su función, aunque uno no haya tenido el cierre perfecto.Y está bien.
Hay una especie de dignidad en soltar sin escándalo. Sin anuncios. Sin esa necesidad de convertir cada decisión en una declaración pública. Simplemente dejar caer lo que ya no tiene sentido cargar.A veces es una relación que se volvió costumbre.
A veces es una idea fija sobre quién deberíamos ser a esta altura.A veces es algo más íntimo: la culpa por decisiones que, vistas desde hoy, ya no tienen el mismo peso.Lo curioso es que cuando uno suelta, no queda vacío.Queda espacio.Y ese espacio —que al principio asusta un poco— es donde empieza a aparecer algo distinto: una forma de tranquilidad que no depende de que todo esté resuelto, sino de que ya no todo importa.
Tal vez esa sea la tarea de esta semana: hacer un inventario silencioso de lo que estamos sosteniendo por inercia.Y preguntarnos, sin drama pero con honestidad, qué pasaría si simplemente lo soltamos.No para empezar de nuevo.A esta edad, uno ya no empieza de cero.Pero sí para vivir más ligero lo que queda.











